El titular de Vivienda y Pobreza (las dos cosas parecen venir juntas) de Costa Rica duerme en una chabola. No pasó de la primera noche la protesta de Zumbado para conseguir gravar las viviendas de lujo.
Un famoso escritor tiene cáncer. Aprovechan y lo condecoran. Él se aburre y sólo maduritas llevan la banda. Cuando le preguntan si echa en falta algo dice que los tiempos del cólera.
Diez hombres de dieciséis años tiran al blanco. Se hacen mercenarios. La zona es paramilitar, pero con el tiempo se hacen de las FARC. Acaban secuestrando a sus monitores. No hay venganza.
Tras educarse en Eton, el hijo de una capitán de la selección inglesa de críquet y dueño de un imperio cervecero, opta por la vida militar, combate en la primera guerra del Golfo y se convierte en mercenario. Ahora se enfrenta a la posibilidad de pasar el resto de sus días en una de las cárceles más inhumanas de la tierra.
Se prohíbe la construcción de minaretes, por considerarlos un instrumento de instigación al odio religioso y racial.
Una joven yazidí (perteneciente a la secta de los adoradores de Taus, el ángel rebelde, una religión sincrética y secretista de raíces preislámicas) es lapidada hasta la muerte por casarse con un musulmán. Los yazidíes no pueden comer lechuga ni vestirse de azul. Los descendientes de Adán, como se llaman a sí mismos, no aceptan conversos. Yazidí sólo se puede nacer,
Una niña, educada en un buen colegio privado, protagoniza su primera fuga a los trece años. Pasa dos días en la calle hasta que la policía la devuelve a casa. El tiempo suficiente para la desinhibición total: alcohol, drogas y sexo.
Desaparece una estación del mapa del metro de Madrid.