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LA
RAZON OSCURA O LAS RUINAS DE LA MODERNIDAD
I.
Para
bien o para mal, el fin de milenio nos ha conducido a una
serie de reflexiones y reconsideraciones del pasado siglo
(aunque nada demasiado serio o magistral si tenemos en cuenta
los pasados milenios). Proclamado y atacado ferozmente como
el siglo del progreso desmedido, un amplio rango de publicaciones
ha sacado a la luz, como era de esperar, todo un espectro
de expertos en la materia, defensores, celebradores y también
de vendedores ambulantes. Se trata sin duda de una micro-industria
del milenio en la que encontraremos más aún
que la acostumbrada dosis de eventos prepotentes, productos
ridículos, predicciones absurdas, tecno-teologías
y profecías autoconcluyentes. Ya existe una estantería
específica en las librerias dedicada a la supervivencia
al milenio. La red ya está infectada de esta fiebre
del milenio en la que proliferan los pronósticos y
soluciones 'ready-made', hechas a medida de cualquier 'pathos';
desde endebles reflexiones acerca de las insuficiencias de
los calendarios numéricos hasta especulaciones increibles
sobre la vida después del llámese como se quiera:
momento final o el punto cero, dependiendo de que las motivaciones
sean teológicas o bien arbitrarias.
En
el alegre ensayo: "El Fin del Milenio o La Cuenta Atrás",
Baudrillard marca la transición de este modo:
"Este
siglo -que ya no puede hacer sino contar los segundos que
le separan de su fin sin ser capaces de seguir funcionando
normalmente, ni tan siquiera desearlo, hasta ese fin- encuentra
su símbolo perfecto en el reloj digital del Centro
Beauborg mostrando la cuenta hacia atrás en millones
de segundos. Este ilustra el reverso de toda nuestra relación
moderna con el tiempo. El tiempo ya no es contado progresivamente,
por adición, desde un origen, sino por sustracción,
comenzando por el final. Es lo que sucede con los lanzamientos
de misiles o las bombas de tiempo. Y ese fin ya no representa
un punto simbólico y el final de una historia, sino
la marca de un sumatorio cero, de un agotamiento potencial.
Es una perspectiva entrópica- por el agotamiento de
las posibilidades- la perspectiva de la cuenta atrás
hacia el infinito...Ya no poseemos una visión fatalistica,
histórica o providencial, visión característica
de un mundo de progreso y producción. La ilusión
final de la historia, la utopía final del tiempo ya
no existe desde que está registrada como un algo potencial
marcado por una cuenta atrás, en tiempo digital, del
mismo modo que los objetivos de la humanidad dejan de existir
en el punto en el que van a ser registrados en capital genético
y únicamente bajo la perspectiva biológica de
explotación del genoma. El hecho es que cuando se cuentan
los segundos que le restan al fin, lo cierto es que todo se
puede situar ya en ese fin."
Esto
se puede encontrar en el libro "Book of Revelation"
rediseñado bajo el título Apocalypse 2000 con
una introducción de Andrei Codrescu en una edición
salpicada de múltiples y jugosas citas milenarias al
estilo Timothy Leary y Fox Mulder, una especie de remiendo
de elementos extraídos de delirios de la Beat Generation
y teorías de conspiración televisivas. "La
Revelación"- escribe alguien- "es la parte
más cinemática de la Biblia, es como una película
de terror...me pareció tremendamente real." -Apapalypse
Now!
Y si
creemos que la fantasmática economía de la información
ha proporcionado un simple escudo contra el resquebrajado
mundo material, podemos recordar las palabras de George Stein
en el Simposio de Infowar en Ars Electrónica: "la
información conduce a la dependencia, la dependencia
a la vulnerabilidad, la vulnerabilidad a la derrota".
No es una imagen prometedora para un mundo cableado, con el
pseudoapocalíptico "efecto 2000". Incluso
cuando las promesas de una integración internacional
de la información proporcionan combustible al desarrollo
estratégico de las corporaciones, la sombra de la materialidad
emerge para romper la ilusión sistemática de
que nuestro software social podrá estabilizar la crisis.
Incluso Lewis Mumford predijo alguno de los resultados:
"Con
esta nueva 'megatecnología" la minoría
dominante creará una estructura uniforme envolvente
super-planetaria. En lugar de funcionar activamente como una
personalidad autónoma, el hombre se tornará
pasivo, sin objetivos, un animal condicionado por la máquina
cuyas funciones vitales, como técnicos interpretando
el papel de hombres, serán las de insertarse en la
máquina o estarán estrictamente limitadas y
controladas para el beneficio de organizaciones colectivas
impersonales.'
Severo
diagnóstico, el pesimismo pragmático de Mumford
(escrito en 1966) no viene acompañado de meditaciones
sobre el milenio, sino que más bien se enraiza en una
perspicacia historica acuñada por la modernidad , vocablo
que no figura en ninguno de sus textos. Esta modernidad, desarrollada
a raíz de una fuerte desilusión socialista y
burguesa, vuelve poco a poco a parecer pertinente de nuevo,
notablemente, en las obras recientes de Bruno Latour (en estudios
científicos) y T.J.Clark (en historia del arte). El
libro "Nunca hemos sido modernos" de Latour esta
lleno de consideraciones hacia la lucha por alcanzar la coherencia:
"...multiplicando
los híbridos, mitad objeto mitad sujeto, aquello que
denominamos máquinas y hechos, los coletivos han modificado
su topografía. Desde que este listado de nuevos seres
ha provocado enormes efectos a escala a través de relaciones
que oscilan entre lo local y global y pese a que seguimos
pensando en ellas en los términos de viejas categorías
de universalidad y contingencia, tendemos a transformar las
extensas redes de Occidente en totalidades sistemáticas
globales. Para disipar este misterio, basta con seguir los
intransitados senderos que posibilitan la variación
de escala y considerar a las redes de hechos y leyes más
como uno normalmente podría observar los conductos
de gas y tuberías de desagüe."
Para
Latour, la modernidad o bien aún no ha concluido o
bien es inalcanzable. Para T.J.Clark se encuentra en el proceso
del arte y la expresión. En su recientemente publicado:
"Despedida a una idea: Episodios de una historia del
Modernismo." escribe: "Debido a la idea de modernidad
que el propio modernismo profetizó, ésta ha
llegado finalmente a la conclusión de que las formas
de representación que originalmente desarrollara, ahora
aparecen ilegibles (o legibles tan sólo por algún
tipo de fantasía, rúbricas del 'purismo', 'opticalidad',
'formalismo', 'elitismo', etc...) El modernismo ahora es ininteligible
ya que ha venido cargando con una modernidad aún no
localizada. Lo post-moderno confunde las ruinas de estas representaciones
previas, o tal vez el hecho es de que desde dónde las
contemplamos parecen ruinosas, con la ruina de la modernidad
en sí misma -sin darse cuenta de que estamos viviendo
a través del triunfo de la modernidad."
En
algunos aspectos, Latour y Clark mantienen el debate retroactivo
sobre la modernidad y sus descontentos con extraordinaria
claridad (quizá para esto sea mejor la retrospectiva)
pero con muy poca consideración por el presente más
que como almacén de sus síntomas acumulativos.
Abarcada alegremente como un "reconocimiento de la realidad
social del signo" e igualmente "por el retorno del
signo a un filón de Mundo/Naturaleza/Sensación/Subjetividad",
(como profundamente sugieren), el fallo de la modernidad radicó
en el mantenimiento una relación decisiva con la tecnología
y no con la mera subjetividad.
Más
que de sus "rúbricas" de "opticalidad",
"purismo", etc...el modernismo fue investido de
centralidad, centralidad de visión, centralidad del
cuerpo, del intelecto, la institución, el sujeto, la
autoridad, el comisariado y el museo. Sostenido bajo ideologías
de distribución o dispersión, la centralización
mantuvo sus conexiones a través las tecnologías
de la representación vinculadas a las emisiones de
Radio, Televisión y ahora de la Red Informática.
Basta con una rápida hechar un rápido vistazo
a la historia de la industria de la telecomunicación
para darse cuenta que la metáfora de las concentraciones
y las consolidaciones -ejecutadas bajo los disfraces gemelos
de la necesidad y la eficiencia- no son una cubierta tan sutil
de la centralización. El hecho es que las corporaciones
multinacionales (que ahora se autodenominan planetarias) resultan
ser una mera cobertura para la erradicación de la diferencia,
para la homogeneización a tabula rasa y la absoluta
marginalización de la oposición. Incluso en
el desarrollo de la Red, la centralización funciona
cercando a los artistas bajo ideologías localizadas
y manejables por previsibles nociones de legitimación.
Dentro
del campo de del media art y de su historia contemporánea
resulta significante la pelea que ha venido existiendo para
terminar con el potencial desbaratador del media electrónico.
Durante el Otoño de 1998 toda la cantidad de festivales
media demostraron ser una muestra inquietante de crisis estética.
Ars Electronicas Infowar, ISEAs Revolution and
Terror, Grazs Art and Global Media, el festival DEAF98
"El Arte del Accidente, "en [entre] las imágenes"y
todo una escena emergente en la cual se manifiesta el cerco
a la representación entre pasmosas fusiones en todos
los campos. Tan sólo durante el último mes,
por poner un ejemplo, se forma la mayor institución
financiera del mundo (Deutsche Bank y el Banker´s Trust),
la mayor compañía energética del mundo
(Exxon y Mobil), la mayor compañía telefónica
del mundo (Deutsche Telekom e Italian Telecom), el mayor portal
de Internet del mundo (cuando AOL compra Netscape). Todo ello
mientras el mayor productor de software del mundo está
envuelto en litigios con las leyes anti-trust en Washington,
mientras la economía Rusa esta siendo sostenida por
el Banco Mundial, mientras estudiantes paramilitares de Denver
conspiran y parcialmente ejecutan un plan de asesinato en
masa, mientras las fuerzas paramilitares Serbias de Kosovo
están metidas en purgas raciales y mientras la OTAN
desvela que la ideología de la disuasión en
la guerra fría era tan sólo una cobertura para
el tipo de ofensiva considerada "necesaria" en la
era post-guerra fría. Todo esto supone un impactante
recordatorio de que la estabilidad de nuestras relaciones
con la historia, la política, identidad, memoria y
tecnología están sometidas a una seria amenaza.
Estas
nociones surgen de entre tales -obstinadamente exageradas-
declaraciones o conceptos huecos como la Aldea Global de Marshall
McLuhan, la Metrópolis de Marvin Minski, la Ciudad
de Bits de William Mitchel o las Ciberciudades de M. Christine
Boyer. Todos sus esfuerzos van a caballo con los intentos
de Nicholas Negroponte (Ser Digital), Rayond Kurzweil (La
era de las máquinas espirituales), Sherry Turkle (Vida
en la pantalla) o Hans Moravec (Robot: de simples mentes a
máquinas tracendentales) por fabricar una relación
estable con las, a menudo, inestables adopciones de los efectos
culturales de una tecnología desarrollada al margen
de la necesidad y forzada a "organizarse" por la
compulsión de una industria cultural incapaz de mantener
cualquier tipo de reflexión crítica o continuidad
histórica. A menudo, estas consideraciones, agrupadas,
engarzadas como en un prisma, tienden a conceptualizar a toda
una esfera mediática o técnica en la que el
encuentro entre lo estable y lo inestable no se consuma con
demasiada facilidad. Desde aquí nacen las especulaciones
salvajes sobre un futuro inexistente, predicadas a partir
de conclusiones extraordinarias acerca de unas tecnologías
envueltas en profundamente problemáticas relaciones
entre ilusión de masas, identidad planetaria, la erradicación
de la diferencia y todas aquellas formas de poder que fructifican
con la mistificación del progreso y con sus, a menudo,
dañinas consecuencias.
Sin
estados estables, el camino hacia la implementación
de una continuidad condicional se acaba implantando. En constante
transformación, la fortaleza de la autoridad se ve
a sí misma amenazada (o mejor, desnudada) como una
frágil red que puede ser fácilmente desmantelada
o deslegitimada. De hecho, el muy provisional estatus de la
autoridad está siendo duramente aplicado en toda una
entramada esfera en la cual las formulaciones jerárquicas
de soberanía se sostienen unas a otras en tenues relaciones
y precarias realizaciones.
En
toda esta cultura internacional de evolución y relaciones
virtuales, no es tanto el problema la distribución
como el sustento de la ideología en el rostro de unas
totalidades confundidas. Por tanto no se trata tanto del rizoma
Deleuziano como del horizonte del acontecimiento en el cual
las coincidencias en colisión conforman la base de
una lógica social del estado como reflejo de influencias
mecánicas: "No es que el aparato del Estado no
tenga significado, éste cumple una función muy
especial puesto que alimenta a todos los segmentos, tanto
a aquellos que adopta en un momento dado, como a aquellos
que deja de lado, fuera de sí. O más bien es
el aparato estatal el que en un momento dado comprende la
maquinaria que cifra a una sociedad. Por tanto no se trata
del Estado en sí, sino de la máquina abstracta
en funcionamiento que adopta las declaraciones decisivas y
el orden establecido de una sociedad, los idiomas dominantes
y el conocimiento, las acciones y los sentimientos, en definitiva,
aquellos segmentos que prevalecen sobre otros. (229). Después
de todo, que tendría de bueno el vivir en la "ciudad
de bits" sin unas "máquinas espirituales"
que nos facilitasen la capacidad de "ser digital".
Hasta el vigilante urbanista Paul Virilio nos recuerda que
"a pesar del Internet y las autopistas de la información,
aún no nos hemos preguntado si es posible urbanizar
el tiempo real, si la ciudad virtual es realmente una posibilidad".
(pg. 40: Políticas de lo peor)
En
estos espacios medioabientales, los eventos en transformación
son la clave de la experiencia. Manuel Castells, por ejemplo,
se ha centrado en este tema en un estudio monumental, "La
era de la información, Economía, Sociedad y
Cultura". Sus tres volúmenes: El advenimiento
de una sociedad en Red, El poder de la identidad y El fin
del milenio, conforman una amplia valoración de los
vínculos entre la transformación de la sociedad
y la economía de la información. A través
de aspectos críticos o históricos de la teoría
de la comunicación muy generales, y a veces marginales,
estos libros ofrecen una justa lectura del lento entendimiento
de una cultura actual aún incomprendida por la academia
o la burocracia. Algunas citas podrían servir para
remarcar esto:
"El hecho de que las nuevas tecnologías se centren
en el procesado de la información conlleva importantes
consecuencias para las relaciones entre los símbolos
de la esfera socio cultural y la base productiva de la sociedad.
La información se basa en la cultura y la manipulación
de esta información es, de hecho, la manipulación
simbólica de la base del conocimiento existente. Si
la manipulación de la información se convierte
en el componente clave de las nuevas fuerzas productivas,
la capacidad simbólica de la propia sociedad, tanto
colectiva como individualmente, se verá fuertemente
ligada a su proceso evolutivo"
"...debido
a la diversidad de medios y a la posibilidad de discriminar
las audiencias, podemos decir que, en el sistema neo-mediático,
el mensaje es el medio."
"no
vivimos en la aldea global, sino en habitáculos hechos
a medida, producidos globalmente y distribuidos localmente."
"el
mundo multimedia estará poblado esencialmente por dos
poblaciones distintas: la que interactúe y aquella
con la que se interactúe."
Así
es que se pueden hacer distinciones. En el excepcional estudio
de Henri Lefebvre: La producción del espacio, éste
desarrolla un argumento convincente para la consideración
del vínculo entre ideologías de la espacialización
bien cognitivas, bien físicas. El conocimiento,
dice Lefebvre, cae en una trampa cuando considera las
representaciones del espacio como la base del estudio de la
vida, haciendo esto, reduce el tiempo de su propia
experiencia vivida. El objeto de conocimiento se trataría,
precisamente, de las conexiones fragmentadas e inciertas entre,
por un lado, las representaciones elaboradas a partir del
espacio, y por otro, los espacios representacionales -los
frágiles marcos de representación-; por tanto
el objeto implica (y explica) la subjetividad
-la subjetividad vivida, percibida y concebida lleva pareja
una practica espacial.
III.
Ya
que no existe ningún medio inocente, tampoco puede
existir una transmisión neutral. (Regis Debray)
Las
intervenciones de Knowbotic Research en los procesos
urbanos rediseñan el uso de la Red más
alla de la creación de un simple interfaz social o
un sistema de navegación y recuperación de datos,
y consisten más en una confrontación que en
una legitimación de la Red. IO_DENCIES se trata de
un trabajo cuya urgencia se dirige, con sus propias palabras:
no se trata de desarrollar herramientas avanzadas para
diseño arquitectónico y urbano sino de la creación
de eventos que permitan un replanteamiento de la planificación
y construcción urbana. Para este fin proponen
reconsideraciones de conceptos como la Red, el interfaz, la
comunidad y la comunicación. En una charla reciente
en Linz, hablaban de conectividad táctica,
choques operativos, relaciones tendenciales,
estructuras modificables, zonas en conflicto
Este
motor de eventos, entroncado con las temporalidades culturales
de Deleuze y Guattari, y vinculado a un claro entendimiento
de una escena internacional en la que el nomadismo
no representa tan sólo una categoría de estilo
ciber-dandy, sino todo un momento de dispersión social,
diásporas locales, desplazamientos internos y economías
digitales irracionales cada vez más ensombrecido por
sistemas de información en los que la autorización
social se ve eclipsada. IO_DENCIES tampoco cae en la nostalgia
más evidente de aquellos intentos por recuperar ese
trabajo felizmente colectivo de lo cibercultural. Los intentos,
esencialmente sentimentaloides, por recolectar biopower,
demandando el fin del trabajo (como Stanley Aronowitz) o la
liberación del buen sentido para recuperar los imperativos
de la ley del valor parecerían extrañamente
fuera de lugar en las implicaciones de un trabajo cuya fuerza
subyace en la inversión de la pirámide del poder,
en la inexcusable confrontación con un presente potencializado
por su rechazo del estado regular.
Este
proyecto, con implementaciones en Sao Paulo, Tokyo y donde
sea, como escribe Andreas Broeckman, construye posiciones
en el límite precario entre lo local y lo ilocalizado,
entre asentamientos urbanos concretos y la inmaterialidad
de la atmósfera virtual de la red...va más alla
de la típica pregunta pragmática de si el derecho
a la intervención debería de estar reservado
tan sólo a habitantes locales. Y dirigen su investigación
experimental hacia el campo de fuerza de las comunicaciones
electrónicas transglobales que co-determinan el desarrollo
de los lugares reales en la Ciudad Global.
Los
intereses implicados en la aceleración de la infoeconomía
son apabullantes. Las ciudades se convierten en un cruce de
bunkers y puntos de encuentro para el sustento
de la identidad y la comunidad frente al panorama de fusiones
y concentraciones del media electrónico. En esta
zona,, escribe Peter Weibel:
de
feudalismo electrónico, el media art debería
de tener la tarea de liberarse de su esclavizante función
ante a la industria y transformar el medio en un instrumento
de la ciudadanía, evolucionando desde un arte mecánico
hacia una arte libre. En el complejo tecno-industrial lo que
se está imponiendo es una nueva dinámica ente
arte, cultura y tecnología, entre sociedad y tecnología,
y una redisposición de esta dinámica en la propia
obra de arte. En esta época de desplazamiento global,
el papel de los mass media es el de el de crear una red que
fortalece los modelos históricos de la norma, reestructurándolos.
En vista de que son las grandes compañías las
que se están convirtiendo en artífices de estos
desplazamientos, el arte y específicamente el media
art, tendrá que asumir su tarea -si quiere recobrar
su función original- de analizar este desplazamiento
y sus causas en el seno de las redes globales para crear las
condiciones para una resistencia a los nuevos feudalismos
y las nuevas estructuras verticales de la mediacracia.
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