| ¿Qué
posibilidades para la acción existen actualmente en la
esfera pública?
Cuando
tratamos de imaginar una acción posible en la esfera
pública del post-Fordismo nos encontramos en una situación
completamente nueva. Las modernas distinciones entre acción
instrumental (acción para conseguir un cierto resultado
y que, para simplificar en el siguiente texto, identificamos
con trabajo), acción política (acción
en respuesta a la acción de los demás) y acción
artística (acción en la que el trabajo resultante
queda vinculado al abierto e indeterminado proceso creativo)
han dejado de existir.
Las
condiciones para producción económica, creación
artística y acción política han entrado
en una zona de indiferencia donde aparecen vinculadas a través
de una serie de presuposiciones recíprocas.
Creo
que esta nueva situación se basa en el hecho de que
el trabajo ya no representa una práctica especial,
distinta, estructurada según otros criterios y procedimientos
que no sean la práctica artística y política.
El trabajo tiende a expresarse a través de los poderes
de deseo, los poderes de pensamiento y la aplicación
de las facultades humanas genéricas: lenguaje, memoria,
competencias éticas y estéticas y la capacidad
de abstracción y aprendizaje. De esta manera, desde
un punto de vista formal, el trabajo no sólo produce
objetos-mercancía, sino también relaciones sociales,
formas de vida, y modos de subjetivación.
En
filosofía y sociología contemporáneas,
la crisis del concepto de acción sólo describe
el resultado de una lucha secular dirigida contra el salario
de trabajo, es decir, contra el hecho de que la actividad
de la mayoría de la población quede reducida
a la ejecución de tareas impuestas (para acción
instrumental) para fines ajenos a los propios trabajadores.
En
el post-Fordismo ha habido cambios radicales no sólo
en las condiciones que definen acción política,
trabajo y creación artística, sino también
en los modos de subjetivación correspondientes a estas
formas de acción: el trabajador, el ciudadano, el artista.
En
el Occidente capitalista y socialista, trabajo ha representado
durante mucho tiempo no sólo la forma del "sujeto
productivo" sino también el modelo hegemónico
de subjetivación que sustenta identidad, el sentido
de pertenencia y las visiones del mundo. Socialismo y capitalismo
han utilizado trabajo y clases sociales como formas de regular,
organizar y crear jerarquías en sociedad.
A partir
de los años sesenta, la lucha contra la explotación
económica ha estado acompañada por un rechazo
radical por parte de mujeres, jóvenes, inmigrantes,
minorías diversas y gente del Tercer Mundo a aceptar
un "devenir" basado en el modelo "mayoría"
de "varón, blanco, profesional, entre 35 y 50
años, residente en la ciudad...". En ese periodo,
desempeñaron un papel cada vez más importante
acciones emprendidas contra formas de sometimiento que afectaban
a la vida cotidiana, clasificando individuos en categorías,
proporcionándoles ciertas formas de percepción,
sexualidad y afecto con el fin de reproducir la mano de obra.
Desde entonces el sistema de clases como un modelo de acción
y subjetivación ha entrado en un proceso de disolución
y crisis irreversible. La coherencia que el trabajo aseguraba
entre producción económica, acción política
y modos de subjetivación ha dado paso a la aparición
de una multiplicidad de nuevos comportamientos, formas de
vida, objetivos, y visiones del mundo, que carecterizan lo
que llamamos la multitud. La multiplicidad y heterogeneidad
de formas de vida y modos de subjetivación ya no tiende
a quedar expresada a través de la generalidad y la
abstracción de las clases sociales.
Para
entender las nuevas formas de acción posibles actualmente
tenemos que abandonar este fenómeno de los años
sesenta, aunque no ignorarlo. Las nuevas formas de acción,
expresadas por movimientos sociales o prácticas más
moleculares, articulan con la misma estrategia lo que antes
había estado separado en la sociedad de trabajo. En
Francia, las luchas de los parados, trabajadores de la sanidad,
trabajadores de espectáculos y prácticas micropolíticas
en general expresan simultánea o alternativamente acciones
económicas, aspiraciones políticas, y estrategias
comunes que conforman estrategias contra los aparatos de sometimiento
y buscan nuevas formas de subjetivación.
Estas
luchas sociales y comportamientos "invisibles" implican
a la vez confrontaciones molares con los aparatos de poder
y estrategias de retirada, lucha y embaucamiento. En el mismo
sentido, articulan alternativamente estrategias de separación
y "mediación", como también de negociación
y ruptura. Estos comportamientos aparecen y desaparecen en
el espacio público según lógicas que
escapan a las reglas de "representación".
Utilizando la terminología de Hirscham podríamos
decir que emplean, de manera imprevisible, ambos sentidos
de la palabra francesa "voie": tanto la "voz"
(en controversia) como la "salida" (en retirada
y lucha). Sus objetivos no son la representación ni
la incautación del poder (ni violentamente, en línea
con la tradición comunista, ni pacíficamente
de acuerdo con la tradición socialdemócrata),
sino la constitución de nuevas relaciones sociales
y nuevas sensibilidades.
La
multitud actúa en una esfera pública regida
por mecanismos políticos que funcionan a través
de la representación y que se organizan según
los principios de universalidad. El "ciudadano"
y el "trabajador" son formas de individualización
totalmente ajenas a las acciones de la multitud. No hay lugar
en la esfera de representación para mujeres, parados,
trabajadores precarios, homosexuales, inmigrantes, y todos
los que no se ajusten a las modalidades aplicadas en el paradigma
de "mayoría". Las nuevas formas de acción
no se dirigen directamente a la universalidad sino a la singularización,
no operan hacia una reorganización general, sino hacia
una transversalidad que pretende determinar los pasajes y
traslaciones entre diferentes formas de vida y comportamientos.
Esta
breve fenomenología de acción en el pos-Fordismo
suscita más preguntas que respuestas. ¿Cómo
definir un espacio dividido en diferentes prácticas
dirigidas todas a la singularización? ¿Donde
está el "fondo común" de la multitud?
¿Cómo establecer un espacio público que
sea propicio al desarrollo paralelo de multiplicidad y singularidad?
¿Qué tipo de nuevas relaciones existen entre
estrategias moleculares y molares?
La
extraña revolución de 1968 integraba acción
política y estética en trabajo; eliminaba la
separación entre tiempo de vida y tiempo de trabajo;
desplazaba la distinción entre ejecución y creación,
y redefinía la relación entre fábrica
y sociedad. Minaba definitivamente el papel de salario como
sujeto de producción y política. Paradójicamente,
éste es precisamente el punto por el que tenemos que
empezar para poder definir las condiciones de acción
posible en el pos-Fordismo, y especialmente para analizar
fenómenos como desempleo y pobreza. Nos arriesgamos
a interpretar mal la definición de acción posible
si no comenzamos con la desestructuración de la sociedad
de trabajo, que es deseada y practicada subjetivamente a través
de una multiplicidad de acciones y temas.
En
el Occidente capitalista, pobreza y desempleo no son el resultado,
utilizando el lenguaje de Keynes, de una economía de
escasez sino de una economía de abundancia. Pobreza
y desempleo no son el resultado de un desarrollo insuficiente,
sino más bien excesivo. No son el resultado de la carencia
de normas y regulaciones, sino de los poderes e influencia
del mercado y el Estado.
La
lucha contra la acción instrumental mostraba que era
posible sacar el trabajo del dominio de la necesidad y transferirlo
al dominio de la creatividad. La reintroducción de
necesidad a través del desempleo, inseguridad en el
trabajo, y pobreza procede de una voluntad política
de dominar, porque negocios, mercado y Estado sólo
pueden encontrar su legitimación en la necesidad. ¿De
qué otro modo podemos explicar el hecho de que desde
el comienzo de la "crisis" de los años setenta
la riqueza se ha más que duplicado en los países
occidentales al tiempo que desempleo, pobreza, y precariedad
laboral se han convertido en fenómeno de masas? Mercado,
negocios y Estado imponen modos de coordinación que
limitan la variedad de las formas de cooperación e
ignoran la naturaleza de las fuerzas productivas de la multitud,
ya que sólo funcionan a través de la producción,
distribución y consumo de "bienes escasos".
Pero,
¿pueden conocimiento e inteligencia, los motores para
la futura Economía, definirse como bienes "escasos"?
Sólo la voluntad para acumular, la voluntad para controlar
la producción y circulación de conocimiento
de los negocios y el Estado pueden definir estos "productos"
como mercancías o bienes escasos. Los problemas de
desempleo, precariedad laboral y pobreza sólo pueden
resolverse cuando la "información económica"
se estructure según los principios económicos
de "abundancia"; en otras palabras, según
la libre producción, libre circulación y apropiación
colectiva de esta producción, que simultáneamente
implica a lo más singular y a lo más social
de todos nosotros.
Los
dos problemas están fuertemente vinculados, ya que
lo que está en juego es precisamente la forma de creatividad,
actividad y modos de expresión. Desde este punto de
vista, las acciones del trabajador, el ciudadano y el artista
tienen que experimentar una completa metamorfosis.
(1)-
Ni la distinción de Habermas entre "racionalidad
instrumental" y "racionalidad comunicativa",
como tampoco la de Hanna Arendt entre "empleo, trabajo
y acción", pueden explicar las nuevas formas de
acción.
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