From: Marcelo Expósito <disenso@sendanet.es> 
Subject: Re: este mundo 

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Estimado José Luis Brea, y también el resto, por extensión. 

Anonadado me quedo de leer tu mensaje. 

Creo que si algo no merece gastar tinta electrónica, como tú dices, es  precisamente este nuevo debate adyacente, y no el otro, que a según quienes  crispa. Es decir, más que nada me parece que supone perder un tiempo  precioso. Y a mí también mehace perder un poco el ánimo, consideraba que,  en determinados aspectos, estábamos más sintonizados. 

En unas pocas líneas (a riesgo de aparecer como algo superficial, si no  frívolo. Es que no tengo más rato). 

Mi absoluto respeto por quienes consideran que en el tema no deben entrar.  Yo mismo no entro en muchos debates que por ahí flotan. Bien porque, en  efecto, me parecen ininteresantes, bien porque considero que no es mi  momento personal (una vida es limitada y muchas las cosas que hacer, o que  dejar de hacer, o de no hacer nada en absoluto, a ratos). 

Dicho esto, las líneas prometidas. 

Lo que yo proponía, por precisar, no es "abrir una polémica",  porque la  polémica ya existe. Desde luego no fui yo quien cesó a Gloria Moure, ni  quien montó la campaña de prensa en El País, ni quien se manifestó a las  puertas del CGAC, ni quien solicitó a las asociaciones de artistas y a  otros colectivos/grupúsculos/instituciones/artistas su pronunciamiento, etc. 

Pero todo esto ha ocurrido, y en unos términos muy específicos. Y han  ocurrido más cosas, no tan aparatosas, no tan visibles. 

Ha ocurrido no sólo que el sector "más" ultra y cavernícola de la derecha,  que ya es decir, y como dices bien, José Luis Brea, ha intervenido en  política artísca con un ex-Ministro de Franco a la cabeza, cesando a la  directora de un centro de arte contemporáneo. Ha ocurrido también que la  susodicha ex-directora ha declarado (o al menos la prensa ha dicho que ha  declarado) que los gallegos y gallegas tienen (en la figura de un  ex-Ministro de Franco que gana elecciones sostenido por un discurso  político-social demagógico-populista; esto lo añado yo) un Presidente que  no se lo merecen: culto, gran político, personaje fuera de toda norma. Y  eso da pie para reflexionar muy seriamente sobre las relaciones  arte/cultura/política en nuestro entorno cercano. Pero, quizá, no  precisamente en los términos y en la dirección que muchas, muchos ven  clarísimo. Ésta, al menos, era mi esperanza. De ahí mi propuesta, no por  otra cosa. Es decir, que nadie en AIR considere que soy un infiltrado de la  línea política editorial de El País (impagable el editorial, impagable). 

Ha ocurrido no sólo, como bien insinúa el amigo Mikuerpo, que a los  artistas, por ejercer de artistas, tal y como dice José Luis Brea, les han  tocado la cara. Hemos constatado que la policía no es una ONG para el  desarrollo. Bienvenidos, bienvenidas al mundo real. 

Ha ocurrido que, desde hace ya tiempo, muchas personas vienen invirtiendo  una cantidad enorme de esfuerzo en levantar, sostenidas por un muy débil  andamiaje, una serie de estructuras que podrán llamarse alternativas,  periféricas, como ustedes quieran, y que se han venido trabajando en gran  medida a partir de una sensación muy generalizada de desasosiego, malestar,  desencanto con el estado de la realpolitik cultural y artística. Y se da la  circunstancia de cuando uno se considera periferia, sume tácitamente que  existe un centro. Eso ES YA EN SÍ UNA POLÍTICA "LEGITIMADORA" DEL" CENTRO",  amigos, amigas. Y ocurre que el verbo "transformar" y otro verbo que suena  algo grandilocuente según quién lo diga, pero que a mí me gusta mucho,  "subvertir", sólo se conjugan desde dentro. Y ocurre que no entiendo que  nadie haya cuestionado la participación en Arco en un espacio residual,  periférico, participación que, ahora sí, legitima unas políticas de  apertura institucionales puramente aparentes por parte de un mercado del  arte en estado terminal (yo me entiendo), y una vez que estamos dentro haya  quien esgrima que ejercer el pensamiento crítico transformador (es decir,  desde dentro), ya que estamos, legimima no sé muy bien qué otras cosas. Por  mí, no hay problema. El asunto Moure/CGAC/Galicia será unas de las  principales atracciones de Arco, y serán otros, otras, quienes instituyan  el posicionamiento oficial del "mundo de la cultura y del arte" respecto  del asunto susodicho. Es decir, volverán a hablar por nosotras, nosotros. 

Y ocurre, y con esto acabo, que en los últimos dos años más o menos, la  izquierda institucional posibilista ha descubierto que la Cultura puede ser  uno de sus más rígidos arietes modelo "que se vaya la derecha que me pongo  yo". Ocurrió con el cine, ocurrió con los libros, ocurrirá con el arte  contemporáneo. No sé bien si el affaire que nos ocupa puede ser la punta de  lanza, un síntoma de que algo se mueve en este sentido; quizá lo sea,  precisamente, si alguien no toma cartas en el asunto. Si no tomamos cartas  en el asunto precisamente quienes estamos y hemos venimos estando no sólo  interesados, interesadas, sino implicadas activamente en crear eso que  ellos quedado en llamas estructuras paralelas, alternativas, como sea, pues  no sé bien quién las va a tomar. El problema no es tanto el que se nos  pueda instrumentalizar, como trabajadores culturales que somos, para fines  políticos (politiqueros, politicistas) indeseables; eso no es un problema,  es la realidad de la vida. El problema aparece si no somos capaces de  revolvernos y utilizar la visibilidad puntual que un asunto como éste nos  puede facilitar, para otros fines. ¿Cuáles fines? Bueno, harina de otro  costal. 

Corolario. Que no es lo mismo debatir el tema cuatro amiguetes en mi casa,  o cuatro ciberamiguetes en el espacio de Aleph, que abrir el debate en el  propio espacio de Arco. No sé si me explico. 

No tengo nada que objetar a las consideraciones de Brea acerca de la  profundización, radicalización de la democracia, de la necesidad de la  participación, a quién beneficia el silencio etc. Suscribo sin más ni más,  palabra por palabra, punto por punto. Sólo añadiré una cosa. Es  precisamente en los momentos de crisis cuando hay que saber tener la  inteligencia política suficiente para situarse, penetrar, incidir allí  donde existe una fractura. Esto es una verdad política como la copa de un  pino, y a la experiencia histórica me remito. A la experiencia histórica no  sólo de los políticos, de los partidos, de las instituciones. También la  experiencia histórica de la cultura y las prácticas del arte más valiosas,  transformadoras, subversivas, que en la historia han sido. 

Ya corto, que me pongo demasiado serio. E igual resulta que tampoco es para  tanto. 

Dicho lo cual, me despido. 

Reparto besos, os deseo lo mejor. 

Marcelo.