Date: Sun  15 Feb 1998 
From: José Luis Brea
Subject: Apuntes (apenas) para una futura Carta abierta a Marcelo Expósito. 
 

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Apuntes (apenas) para una futura Carta abierta a Marcelo Expósito.

querido marcelo:

apenas he tenido tiempo para hojear un par de veces -demasiado deprisa siempre- tu interesantísima y bien argumentada carta abierta, y si respondo ya es porque me parece que merece una respuesta pronta, todavía en el calor del online -y si anuncio esta respuesta como apenas apuntes para una más amplia respuesta que más adelante completaré ello es porque no estoy menos seguro de que merecería algo más pensado y elaborado, que espero tener pronto tiempo de ofrecer.

vaya por delante el acuerdo general con casi todos los extremos de tu reflexión, y de modo pleno con tu conclusión. pero como en el debate abrazamos ambos con parecida pasión e interés esa apuesta mouffiana por -te cito- "el  'pluralismo agonístico', donde se revalorice el disentimiento, el antagonismo", te entrego apresuradamente los pequeños contrapuntos de mi pequeño margen de desacuerdo con alguna de tus argumentaciones -que no, ya te digo, ni con tus principios ni con tu conclusión.

no tanto era que yo te atrajera a ningún trapo, sino que me parecía seguro que era ahí donde iba a estar nuestro desacuerdo -y desde luego a mí me merecía y me merece (y espero que pueda servirle al resto también de algo) la pena explorarlo.

para mí, como tú dices, es importante centrar la cuestión -eludiendo por completo el juicio a la persona: justamente lo deplorable de lo ocurrido tanto en el Círculo ayer como en toda la intolerable campaña difamatoria de la junta es eso, lo que tú certeramente denuncias como juicio plebiscitario- en las políticas artísticas de los establecimientos culturales.

Es más: sigo estando convencido de que ése es el nivel al que nos corresponde pronunciarnos. Poder llegar a elaborar algún "programa" de aquello que demandamos de los centros culturales o artísticos, de los museos, y en general de las instituciones públicas, sería el objetivo estratégico más inmediato y eficiente. Nunca si Molins tal, Moure cual o Bonet o Corral o quien sea ... tal o cual. La cuestión, me parece, debe ser: este es el programa de actuaciones que queremos -como ciudadanos, como artistas o trabajadores especializados de lo que sea, o cualquiera sea el título a que hablamos- de nuestras instituciones, centros, museos,... Creo que justamente es en ello donde se puede concretar ese actuar maduro -"debemos tomar parte de una manera deshinibida, abierta, madura, en la transformación de la institución arte española" vuelvo a citarte- que reivindicas y con el que estoy absolutamente de acuerdo.

Creo que en todo esto -y hasta aquí- estamos ambos de acuerdo, en última instancia, pero me parece que ambos nos cruzamos sordamente el mismo reproche: para pensar así -vienes a insinuar- no hace al caso defender el programa desarrollado por la directora cesada. Por mi parte voy a reprocharte exactamente lo mismo -tras intentar mostrarte que en modo alguno es lo mismo defender "a la directora cesada" que el programa por ella realizado-: que en tu crítica a mi defensa, lo que haces vuelve a ser una crítica de la persona (y sus opiniones y juicios) y no del "programa" -mierda, empiezo a parecer Julio Anguita: pero me has reprochado hablar de "política artística" y empiezo a quedarme sin palabras- por ella realizado.

Desmenuzas mi argumentación con finura, y estoy de acuerdo en que en mi argumento se reunían dos. El "programa", y la gestión de su relación con el tejido social. Sobre el segundo pides palabras directas a los ciudadanos que lo han experimentado, cosa en la que te refuerza Villota. Perfecto. Sólo podía decir, como hice, lo que yo mismo había pulsado en directo -y lo que en directo he conocido de las personas que han tenido el CGAC cerca estos años- y ofrecí ese dato precisamente con ese carácter relativizado. Pero vale. Hagamos una encuestilla, datos, corresponsales provisorios. ¿Nos valen los datos de los pegados, las manis de apoyo, las palabras de quienes son profesores en las Facultades cercanas (SITIOweb, que habló el primero) y han tenido en el CGAC un instrumento de diálogo vivo con las prácticas artísticas contemporáneas ...? ¿O mejor lo dejamos, en todo caso, a la vista de la dificultad de tomarle un pulso honrado a la opinión pública -a la sociedad civil, dice Gabi-, siempre instrumentada y manipulada? Va, lo dejamos ahí ...

Queda pues tu crítica a mi primer argumento. Diría que en ella se cifra todo el contenido crítico a mi defensa del programa realizado por el CGAC, y poco a poco aflora nuestra diferencia de posiciones en lo que -ya absolutamente en lo sustantivo, dejando al margen el desacuerdo circunstancial en el curso de un debate- creo divergemos, en profundo.

En este punto creo que introduces tu pequeña trampa argumental -y ahora si me dejas intento desmantelarla yo. Para tí, tal y como te entiendo, mi propuesta de considerar la política artística del centro equivaldría a "valorar el gusto artístico" de la Moure. Comprendo que eso -y ya sea en efecto en sí mismo, ya frente al de cualquier otro, Bonet o quien sea- no te interese. A mí tampoco, ni pizca. Pero, obviamente, no se trata de eso. Yo nunca he propuesto tal cosa.

Reducir una política cultural -el programa en función del cual se diseñan los objetivos y el funcionamiento de un centro- a las preferencias y gustos personales de la persona que lo dirige por una u otra corriente artística es una pequeña falacia, me parece, y ahí has hecho (creo) un poco de trampa. Para valorar la política artística del Centro te has ido a valorar las opiniones políticas de su directora (zanjando la cuestión de la programación como el resultado de un mero gusto subjetivo) -y esto es justamente lo que en mi opinión no hace al caso hacer. Que Moure es un= pensador= políticamente inconsistente es algo de lo que no dudo, y sus declaraciones (que evidentemente metía en el resumen de conclusiones no como una opinión propia, sino como algo aportado en el curso del debate por otros participantes) tanto acerca de Fraga como acerca del libertarismo del artista son para llorar, ya que no dan ni para reir. Pero una cosa es criticar -no perdamos tiempo fingiendo desacuerdo en esto, nunca he puesto en duda su carácter indefendible- su "ideología política", y otra bien distinta defender la "política artística" que ha desarrollado en su centro.

Tampoco me parece muy acertado reducir paródicamente mi defensa de una necesidad de valorar por encima de todo las "políticas artísticas" a una cuestión "localismo / internacionalismo". En ningún momento creo haber incurrido en semejante simplificación, y por tanto me parece nuevamente tramposo que me atribuyas tal. Ese sí que me parece, en todo caso, un elemento a tener en cuenta. Especialmente cuando se va a defender, como estamos haciendo, el derecho de la audicencia o el tejido social a hacer valer sus intereses, a entrecruzarlos en un choque agonístico y disensualista. Y justamente porque de este choque puede no salir otra cosa que algún localismo impuesto por un círculo clientelar -que reclama, precisamente, una política localista. Algo así hasta puede que haya ocurrido allí.

La cuestión entonces está, para mí, en algo que precisamente tiene que ver mucho con las programaciones, con los contenidos. Por supuesto que me parece importantísimo el establecimiento de mecanismos de participación radical en la toma de decisiones: pero con ello no saldríamos todavía del ámbito de la "ética procedimental". Tendríamos un cierto grado de profundización en la "democracia radical" -pero no estoy seguro de que ella no pudiera en cualquier momento equivaler a la pura práctica del neo-liberalismo (ya que el "pluralismo agonístico" es precisamente el mejor argumento que encuentra éste para hacer valer el derecho sagrado a la iniciativa privada, y todo lo guiada por el "derecho a la avidez" que se quiera; para hacer valer al mercado libre como único árbitro en el conflicto de los intereses encontrados).

Con ello quiero decir, hablando ahora en términos definitivamente políticos, que dudo mucho que un instrumento procedimental de regulación del diálogo -que a la postre es algo que ambos defendemos, me parece- sea, además de necesario e imprescindible, también suficiente para asegurar una democracia radical que acaricie, por lo menos, las orillas de algún "comunitarismo".

Dicho de otra manera: creo que es preciso defender que una "política artística" se cumple tambien como una toma de partido por un arte que sea, a su vez, político. Elegir una programación, por tanto, no es nunca una cuestión baladí: y es por esto que me parece difícil aceptar tu forma de haber saldado el tema -presentándolo como una mera "cuestión de gusto". A mi modo de ver se cumple una política artística -o un centro es concebido políticamente en unos términos radicales- precisamente cuando se le orienta a indagar aquellas zonas de la producción creadora que mantienen un potencial vivo de autocuestionamiento, aquellas prácticas (llamémoslas todavía artísticas) que ejercen precisamente la "negatividad interior" de la propia institución-Arte. Dicho de otra manera: me parece que a tu fórmula -que acepto- de "procedimiento dialógico radical" (en eso que llamas con la Mouffe "pluralismo agonístico"), + énfasis en aquellas prácticas "dirigidas a establecer -te cito una vez más- una mayor vinculación de las prácticas del arte con otros sectores sociales", yo añado, que no opongo, la importancia de un cierto rango deconstructivo en esas mismas prácticas, la presencia en ellas de una fuerza activa y no neutralizada (y aquí la atención al ahora, y la apertura internacionalista es fundamental, toda vez que juega una dialéctica marcadamente temporal y la confrontación pluricultural, etno-excéntrica) de negatividad interior.

Me parece que ahora estamos muy cerca, si he analizado bien.

Quizás entonces la discrepancia se nos ha despalzado -tal vez a los lugares en que intuimos verosímil (sin duda tú lo dices a tu modo, bien distinto) un posible disolverse del existir separado de lo artístico (que hasta para ambos es la figura reguladora última, me temo). Para tí, ese impulso se expresa más en las prácticas en que la artística se disuelve en acción social. Para mí, lo hace más en aquellas en que pone en juego la fuerza de una negatividad interior, de autonegación.

Aquella piecita de Ben que era una caja de cerillas que pedía "utilice estos fósforos para quemar todo aquello que sea arte. Guarde el último para prender esta caja". No digo que me interese Ben, en sí mismo, o Graham en sí mismo ni nadie en sí mismo en particular, pero sí me interesa mucha esa dinámica de autocuestionamiento o negatividad interior que allí funciona. Y es por ella y desde ella también que me parece oportuno y necesario juzgar las políticas artísticas. Me interesan precisamente aquellas en que ese impulso comparece, y me parece que como ciudadanos, pero sobre todo como personas involucradas en una concepción crítica de las prácticas creadoras, son éstas las que tenemos derecho a exigir.

Por supuesto que la presentación de esas políticas no queda aquí sino esbozada. Pero todavía queda mucho debate, y desde luego a quienes nos reprochan exceso de longitud no les falta razón. Quede por tanto su desarrollo para mejor ocasión.

Abrazos, Marcelo, y abrazos también a todos.

José Luis Brea
Acción Paralela