Lo mejor de los 2 Mundos
El real y el virtual, el de la comunicación y el del "arte", el de la institución y el de la vida cotidiana, el de la técnica y el de las formas, el del espíritu y el de sus materializaciones específicas, ... ¿de qué dos mundos hablamos? 

Poco importa. O, queremos decir, lo que importa es que el net.art habita justamente en la frontera, en la frontera de todos esos "dos mundos" -y seguramente de muchos otros más. Quizás porque su más perversa -y a la vez atractiva- cualidad es su deslocalización, su condición desubicada, en permanente desplazamiento. 

Una especie de última frontera cuyo alejarse siempre todavía nos cautiva, de la misma forma en que al viajero auténtico sólo le magnetiza la mirada el horizonte, ese no-lugar que siempre perfila su propio más allá.

Nuestra selección quiere enfatizar el hecho de que la condición de eso que hace bien poquito hemos empezado a llamar net.art, con una grafía propia que escritura la conciencia cobrada de su especificidad diferencial, se mueve con una peligrosidad inquietante siempre entre dos esferas, entre dos misiones, entre dos tareas. Por un lado, no parece que el universo de la institución-Arte contemporánea pueda permitirse ignorar más tiempo las realizaciones que en el campo del net.art se están produciendo (esa atención efectiva es ya un hecho, cuando menos si hablamos de instituciones internacionales). En cambio, y por otro, no parece que pueda hoy concebirse práctica comunicativa tan efectiva para ejercer resistencia al existir separado de lo artístico -y por tanto para ejercer resistencia a la institución-Arte que lo sostiene- como la del net. 

Hay en su práctica, en efecto, algo de aquel sueño de comunicación directa que pensaba en el arte sólo como un instrumento efectivo para una construcción consciente de la vida cotidiana -en cuyo cumplimiento ese mismo arte se volvería innecesario como tal actividad separada, reservada a sólo un sector profesionalizado y no a la totalidad de los sujetos de experiencia. El net.art, como al mismo tiempo práctica de producción de formas y de comunicación directa, soporte visual y medio para su transmisión, parece poder poner al alcance de cualquiera -como nunca se había podido soñar desde el imaginario utópico situacionista- esta capacidad de comunicarse efectiva y activamente con otros sujetos de experiencia, en un proceso de intercambio intensificado y directo, no mediado por la intervención de ningún dominio institucionalizado.

Las propias ideas de "obra" o de "artista" pierden bajo tal perspectiva consistencia, o se vuelven definitivamente paradójicas o problemáticas. No es fácil pensar en qué términos puede el mercado de lo artístico o el mismo sistema museístico o crítico absorber estas realizaciones, que instrumentan su propio modo de recepción social. No tenemos aquí "grandes obras" -como tales obras maestras, esa idea moderna que en este campo empieza a resultar definitivamente obsoleta- y no sólo porque resulte poco menos que impensable la "mercantización" de estos "objetos" sutiles, desmaterializados.
Tampoco una idea del "artista" que no se haya desentendido definitivamente del viejo mito romántico del genio. Toda la contemporánea crítica de las concepciones esencialistas de la subjetividad encuentra terreno abonado en este campo, en que los efectos y las posibilidades de "construcción" experimental de formaciones subjetivas es casi ilimitada -tanto en términos de identidad-ficción, sin que ninguna determinación biológica pueda aparecer como relevante, como en términos de ejercicio de hetero o pseudonimias, o en términos de definición estratégicamente colectivizada ... Todo ello hace que cualquier pretensión de autoría, aquí, resulte un punto ridícula y trasnochada. Los productos y objetos que circulan en la red están, en cierta forma, desposeídos de cualquier referencia de propiedad, colectivizados por la total comunidad que los intercambia, se los apropia y remezcla. Hay un comunitarismo espontáneo en la red, y ese hecho convertiría en definitivamente absurdas las aproximaciones clásicas a las nociones de "obra" o "artista".
Por todo ello, hemos tomado la decisión que nos parece la más coherente: no presentar una selección de "obras de arte" en la red, ni tampoco una selección de "artistas" o net.artistas. Sino, más bien, dos mundos, dos aproximaciones radicalmente diferentes a este universo del net.art: o, si se prefiere, una "doble toma" -tanto en el sentido cinematográfico como en el derridiano- sobre él.
En primer lugar, presentamos selección de lugares, de nodos, de puntos de intersección: aquellos en que justamente esta concepción crítica del net.art como comunicación directa se asienta. No hay una fórmula fija, ni un modelo único, por supuesto. Hemos tomado, en cualquier caso, algunas decisiones: no relacionar las webs de carácter informativo, institucional ni comercial, y tampoco aquellas que apuntan a un "organismo" distinto -o detrás- de ellas mismas (por ejemplo, ni el ZKM ni ninguna "web" de medialabs, museos, festivales o lo que sea). Todas las webs que presentamos se agotan en sí mismas -son en ese sentido, "objetos específicos", gozan de cierta autonomía significante, de cierta pertinencia propia. 

Nos interesan sobre todo como "unidades específicas de ubicación", como nodos tensionales de la comunicación. No hemos querido restringirnos, en cualquier caso, a las que presentan exclusivamente "obras", precisamente porque entendemos que en esta actividad comunicativa que identificamos como net.art no se trata tanto de producir en exclusiva formas visuales estilizadas o seductoras, cuanto de difundir instrumentos de comprensión crítica y comunicación intensificada. Tanto en ese sentido vale una imagen como un texto -y de hecho nos parece que en las prácticas que llamamos net.art se verifica una colisión profunda de las economías del texto y la imagen- y no nos cabe duda de que relacionar en nuestra selección a Rhizome o a CTheory tiene tanto sentido como incluir a ada 'web o al web art center de moscú.

En segundo lugar, y junto a esta selección muy precisa de web-sites, queremos además ofrecer una segunda toma sobre este paisaje: una (no)selección. El efecto y resultado de una operación de comunicación de la propia comunidad net.artística. Nos limitamos, en esta segunda toma, a relacionar (en el mismo orden en que nos llegaron) todas aquellas propuestas que han sido espontáneamente enviadas por quienes han querido hacerlo, en respuesta a nuestra difusión ante la comunidad.net de nuestras intenciones, preocupaciones e intereses. 

Creemos que esta segunda selección no restrictiva -el rizoma- demuestra que concebir los modos de asentamiento de los procesos de comunicación según los patrones convencionales de la institución-Arte resultaría igualmente obsoleto. No se trata de reproducir el modelo de la "exposición temporal" o del "comisariado artístico". Sino de, más bien, inducir y reflejar transversalmente un acto de comunicación e intercambio colectivo. Nosotros hemos expuesto ante la comunidad.net unos intereses, unos criterios y unos objetivos: y lo que mostramos -duplicando nuestra presentación de la selección de web-sites con esta segunda (no)selección que recoge otro mundo, el subterráneo de una comunicación que fluye por debajo y por encima de cualquier jerarquización de los nodos- es el mero efecto y resultado de esa interacción multidireccional, en rizoma.

Pensamos que es preciso evitar que el proceso de absorción institucional que han sufrido otras prácticas comunicativo - artísticas se repita con el net.art. Por ello, nos resistimos a que sea tratado como un género o como un saco común. Creemos que se trata de un campo de prácticas muy abierto y diseminado, en el que es obligado distinguir tendencias, intenciones, actitudes y resultados muy diferenciados, para reconocer aquellas que son capaces de alterar en profundidad muchos de nuestros hábitos de comunicación. Aquellas en que encuentra expresión toda la potencia que una novedad técnica referida a las formas generales del conocer y el experimentar la existencia posée. Aquellas cuyo potencial para trastornar las formas de comprensión y experiencia de lo artístico es enorme, imponderable, toda vez que la estructura de sus modos de producción y reproducción social resiste a los modelos y fórmulas ya institucionalizados.
En ello se alza, precisamente, la última de las paradojas que nos obligan a mirar al net.art siempre y simultáneamente con dos ojos, desde dos mundos. Tanto más cuanto más resiste a esas formas ya institucionalizadas de lo artístico -apuntando incluso a hacer de nuevo pensable la disolución del existir separado de su esfera- tanto más se carga de derechos para reclamar un lugar en la tradición de las prácticas artísticas contemporáneas -que no es otra que la tradición crítica del propio autocuestionamiento de lo artístico. 

En ello, ahora, el net.art habita a la vez el mundo del arte y el del no-arte, el real y el virtual, el del media y el del objeto, el de la institución y el de la vida cotidiana, el de la técnica y el de las formas, el del espíritu y el de sus materializaciones específicas ... Postulando entre ellos una frontera siempre movediza, siempre a la deriva, siempre desplazada. Esa frontera que no se constituye en ningún punto medio, en ninguna zona tibia: sino en la contradicción de los opuestos, en la confrontación -como hubiera dicho Benjamin- "de lo ajeno con lo ajeno", en el punto de crisis donde los dos contrarios se encuentran armados de todos sus potenciales para territorializar, precisamente, ese no-lugar que contiene ... lo mejor de los dos mundos.