Pequeña teoría de la independencia. (sobre las definiciones críticas que orientan la práctica desarrollada en aleph, Acción Paralela y arts.zin, como constelación micro de proyectos editoriales independientes) *

 

“Resulta pues decisivo el carácter modelo de la producción, que, en primer lugar, instruye a otros productores en la producción, y que, en segundo lugar, es capaz de poner a su disposición un aparato mejorado. Dicho aparato será tanto mejor cuantos más consumidores lleve a la producción; en una palabra: si está en condiciones de hacer de los lectores productores”.

Walter Benjamin, El autor como productor. 1934

1.

Primera paradoja (es más bien un paralogismo): que no se puede hablar de ella independientemente. Toda independencia tendría que serlo de algo. La independencia, para llegar a serlo, está inevitablemente obligada a afirmar el existir de .... aquello de lo que aspira a no depender. Cuando menos, para definirse.

Pero no se trata sólo de un mero juego de palabras: la estructura de esa relación lógica es también, y desgraciadamente, la de toda la realidad efectiva y práctica de la independencia –una realidad paralógica, en efecto, por más que se dé en la historia, o en lo real (o sea, en la fantasmagórica zona extendida del síntoma).

2.

Imaginémosla como un filo. No un mero borde incierto –como los que se analizan en teoría de las catástrofes aplicada al estudio de la morfogénesis- entre dos tejidos, no esa especie de titubeo gesticular de la diferencia. Sino más bien como un pliegue, como ese punto desplazado en que algo deja de ser simultáneamente dos cosas que es a la vez. Un buen cuchillo, cualquier buen arma blanca, depende justamente de ser eficaz en este potencial maquínico. Algo que depende de su condición “vaciada” –el buen filo de un cuchillo no se produce por reducción de espesor, sino por la perfección con que un pliegue (alrededor de un vacío que en el gesto se define como interioridad forclusa) esquiva la existencia de dos planos que, rompiéndose en él, se realizan como (dis)continuidad (y lo que hace hacia dentro carga la fuerza que le permite después hacerlo hacia fuera).

Siendo “el lugar de los puntos”  que es a la vez esos ambos y ninguno de ellos, habitar ese filo implica los peligros que viviría un funámbulo condenado a caminar sobre una cadena de afiladas cuchillas entrelazadas.

3.

Pero esta carnal peligrosidad (menos “ciudadana” que vital) nutre demasiado la falacia de su invocación venial, la vaciedad (más paranoica que paratáctica) de su retórica. Llamemos a esto la segunda paradoja de la independencia: el que sea tan fácil proclamarse de ella como difícil realizarla realmente en lo real (me entienden). Sobre el que sea difícil realizarla, lo que sigue. Sobre lo fácil que es proclamarla, el hecho de que en ella es la lógica de la falsa conciencia -la que habla. Y como estableciera Debord en la penúltima tesis de su Sociedad, no le es dado elucidarse a sí misma.

4.

Si el pliegue en el que la independencia podría definirse -nunca como un límite absolutizable, sino como un grado de tensión de (des)encuentro- tuviera que decirse por referencia a los planos que en él se cortan, éstos serían -si hablamos de proyectos editoriales en el campo específico de las artes visuales- los de la institución(Arte) y el mercado. O para ser quizás más precisos, los de aquellas iniciativas que se alimentan de recursos públicos y aquellas otras que lo hacen de los privados –y, que se sepa, no existen otros. Si en otros campos editoriales es el mercado el que arbitra –y la independencia se definiría por tanto en la distancia que se acierte a interponer frente a sus dictados- en el de las artes visuales (aquí, entre nosotros) la financiación dominante viene de los fondos públicos, dispensados en una u otra medida por las administraciones. Incluso esa otra área residual que en nuestro espacio formaliza un mínimo de mercado privado comparece cuando logra hacerlo como apenas subsidiaria –y casi siempre subsidiada. Cualquier iniciativa independiente, surgida de la sociedad civil en nuestro entorno, tiene en esta evidencia inescapable su Damocles. Y la dificultad de su ejercicio de distancia crítica.

5.

Definidos los planos de corte, describamos también su eje de pliegue –y despliegue. En un extremo tendríamos como horizonte la maximización de la audiencia –en el otro la voluntad de criticidad, dispuesta a arriesgarse incluso a la visibilidad cero.

El primero estipula una ley que rige no solo para el mercado –en territorios en los que él domina su implacabilidad es manifiesta, toda vez que audiencia y clientela coinciden- sino también para el dominio institucional, aun cuando en él esa ecuación no aparezca tan obvia e inmediata. Pero lo es, y por partida doble: primero porque es legítima exigencia que aquello que se realiza con el dinero de todos responda a un interés también presumible universal (lo que en tiempos clásicos describía el bien común, fundamento de cualiquer reclamo de servicio público), y segundo -interés instrumental esta vez- porque la ecuación entre maximización de audiencia y generación de opinión pública tiene como rentabilizador último del beneficio al mismo a quien corresponde autorizar el pago –al político en el ejercicio de su responsabilidad como titular de la administración de lo público. De otra manera: que también aquí clientela y audiencia coinciden –y ello merced a la mediación interesada de un tercer registro interpuesto (entre institución y audiencia). El de una crítica instrumentada en utilidad mediática –cuyo desafío y dificultad es hacer pasar la opinión y distancia crítica por debajo del encargo y la misión real que la sostiene.

6.

En el otro extremo –donde la disposición crítica preside- el riesgo primordial lo perfila la visibilidad cero (y el secundario, la irrentabilidad consiguiente). Pero nos movemos en este ámbito y eso que llamamos independencia –quizás deberíamos llamarla microdependencia, o independencia relativa- pivota sobre el diseño de un movimiento que describiríamos de doble negatividad: de simultáneamente no-mercado y no-institución (dicho sea esto para admiradores de la Krauss), y aún en la conciencia de que esa doble negación no le libra de una doble-dependencia, pero, eso sí, menor. En la articulación de su dispositivo, excluye la coincidencia fatal de audiencia y clientela –propia de la estructura de mercado- pero también, y simultáneamente, la presuposición apriorística del interés público de su ejercicio al que un modelo extendido de estado del bienestar debiera cobertura obligada. Por decirlo de otra manera: tiene origen y destino –y apela a destinatario- en el ámbito estricto de la sociedad civil, en su iniciativa autónoma –y en la libre expresión de interés que ésta, más allá de cualesquiera presuposiciones apriorísticas, manifieste de facto, en la efectividad práctica de sus actos de lectura.

7.

Dos condiciones de posibilidad para hacer sostenible este esquematismo. Primera: su minoridad –cuanto más micro sea el aparato, menos requerimientos de ingeniería para equilibrar energía de gasto y ecuación de audiencia. Y segunda: la consistencia de sus contenidos de criticidad. Desasistida de instrumentos que implementen su credibilidad por la posición de fuerza ocupada en el sistema institucional, su única potencia (como inductora de interés público) la extrae de su participación en el libre y público juego de las argumentaciones, de la pública exposición del pensamiento y su contraste. Cierto que eso determina su enorme fragilidad –y si se quiere la certidumbre de una muerte rápida tan pronto como se produce decaimiento de su tasa de interés cognitivo- pero al mismo tiempo ello asegura la tremenda pertinencia de su existir. Actuando en un esquema de alta competencia en el que prácticamente todas las actuaciones emisoras están reforzadas –ya por posiciones de fuerza en el sistema institucional, ya por las diversas ingenierías de mercado de la audiencia apoyadas en el recurso a lo que Bordieu llamaba “el rebajamiento de nivel”- su posición desasistida es la más alta garantía imaginable del tremendo potencial de criticidad que su libre y autogestionado juego –la producción de saber, de contenidos efectivos de conocimiento crítico- puede llegar a inducir. Si lo logra -y mientras lo logre.

8.

Se da una correlación implícita entre independencia y autoedición. Por así decir, tiene sentido hablar de independencia únicamente cuando nos referimos a la puesta en eficacia de un esquematismo que permita a un autor o a un colectivo de autores dado mantener críticamente el control autónomo del conjunto de mediaciones y dispositivos que afectan a la puesta en lo público de su producción. En cierto sentido, por tanto, el ejercicio efectivo de la independencia pertenece naturalmente a la era de desarrollo crítico-experimental de una post-vanguardia para la que el compromiso de autocuestionamiento inmanente ha dejado de operar centrípetamente sobre la estructura misma de la obra (y sus lenguajes) para dirigir su acción crítica al aparataje que la rodea y decide su destino social, al conjunto de las mediaciones en que se construye su valor simbólico, artístico o cultural. Para nosotros, ese es el significado implícito a la consigna del autor como productor que todavía resulta vigente –la misma que tantos artistas contemporáneos (en tanto que productores, incluso autoproductores) están en nuestros días haciendo suyo.

9.

Los caracteres técnicos de la publicación electrónica favorecen la emergencia de este tipo de dispositivos –microdependientes, digamos. Tres en particular: 1. el bajo coste (relativo, por supuesto) de las infraestructuras necesarias para permitir que quien quiera hacerlo pueda dar visibilidad a sus actos de opinión, a su participación activa en cuanto al contraste interpretativo; 2. la coincidencia práctica en el dominio tecnológico de los dispositivos de producción, distribución y recepción (el computer, en efecto, como estudio-galería-museo o como pluma-libro-librería); y 3. su efectividad para aproximar en tiempo real la tasa abstracta de productividad cognitivo-crítica y las fluctuaciones efectivas de la audiencia. Y ello por obra de una cualidad que el devenir audiencia –el constuirse en lector/receptor- en el campo electrónico conlleva inherente: su carácter activo –cuando hablamos de tecnologías pull.

y 10.

Descrito el aparataje, describamos los objetivos (y dejemos para l@s lectores la valoración de su eventual cobertura). El primero: la (micro)producción de esfera pública en una zona temporalmente autónoma –o, si se prefiere, provisionalmente micro(in)dependiente- en la que dar presencia ante la ciudadanía a nuestros actos de opinión e interpretación, a nuestras actuaciones de producción cognitiva y crítica. Segunda: la potenciación de estructuras de respuesta, de talk back, que faciliten que estas actuaciones tengan en su propio espacio incluso ocasiones de contraste. Tercera: el entramado de estructuras abiertas, con potencial para operar en constelación rizomal (abriendo hiperenlaces hacia terceros proyectos vinculables o vincuados de hecho). Cuarta: la fragmentación crítica del espacio de la opinión pública, contraponiendo a las estrategias operadas desde institucion y mercado de producción de consenso y homogeneización (apoyadas sobre todo en una manipulación táctica de los medios de comunicación como jamás se había visto, ni siquiera en este país), la introducción de líneas de opinión otra. Al efecto no solo cuenta su eficacia propia –sino, y sobre todo, lo que con Benjamin llamaríamos su “carácter modelo”: la capacidad que la actuación posea de inducir re-utilizaciones del mecanismo, instrumentaciones diferenciales de uso (es en ellas donde también el lector/espectador se constituye como usuario, donde ella o él mismo juega con su capacidad de constituirse como “productor de medio”) del aparataje por nosotros puestro a prueba, en experiencia. Y quinta, para acabar de terminar: la proporción de materiales interpretativos y críticos que posibiliten al receptor cualquiera participar en la comprensión y desarrollo activo de esos campos de problematicidad creciente que instituyen los ámbitos de relación compleja con nuestro presente –como inestabilidad, como punta desplazada. Con el hoy del mundo, como transición histórica intervenible, transformable.

aleph
aleph-arts.org

Acción Paralela
www.accpar.org

::arts.zin::
www.artszin.net

* Este texto se redactó originariamente como contribución al foro de revistas organizado por Zehar.